lunes, 19 de enero de 2026

 PRESENTACIÓN DE 'PAISAJE DE TRONCOS SEGADOS' (2019)        EN EL 'ESPACIO HERNANDIANO' DE ELCHE (NOVIEMBRE DE 2021)

Reproduzco el texto con el que mi amigo Jesús Zomeño presentó en Elche mi 'Paisaje...' (2019) en el 'Espacio hernandiano', dirigido en aquel momento por otro gran amigo y compañero, Pedro Serrano.

Me gustaría llamar la atención sobre la perspicacia y precisión con la que Zomeño disecciona determinadas características de mi poética; así como su interesante análisis sobre la relación entre un grupo de poetas de Elche y Valencia en los 80 y primeros 90 y las diversas colecciones de poesía publicadas en ambas ciudades.

F.F. Meneses es un poeta que no tiene miedo a repetirse

Jesús Zomeño

Elche13-11-2021

Presentación de ‘Paisaje de troncos segados en el ‘Espacio hernandiano’

                        

En el prólogo del libro, Uberto Stabile describe una generación literaria que surge en Valencia a finales de los 70 pero que eclosiona ya en los 80.

“Nos conocimos a través de un amigo común, también poeta, Fernando Garcín, que formaba parte de la redacción de la revista Bananas y de la colección de poesía Cuadernos de Mar en Valencia, publicaciones que junto a Clara Beltrán y otros compañeros pusimos en pie durante 1979. Todos éramos jóvenes y todos queríamos cambiar o bajarnos del mundo, y hacerlo desde nuestras pequeñas plataformas literarias…”

La clave de todo está en esa frase de Uberto: “queríamos cambiar o bajarnos del mundo”; pero más bien, desistimos de seguir intentándolo y decidimos bajarnos del mundo.

Se dice que la Transición dio paso a la Movida, pero más bien la Movida se rebeló contra la Transición:

- Estábamos cansados estética y existencialmente del ambiente gris, de los parches en las chaquetas de pana, de las gafas cuadradas y de los bigotes grandes. Estábamos cansados de los actos asamblearios, del telediario, de ETA, de los debates baldíos, del marxismo, de los partidos políticos y de las manifestaciones.

- De pronto, la juventud se pregunto qué era la libertad esa de la que tanto hablaban los partidos, y nos dimos cuenta de que la Libertad no estaba al otro lado del espejo, no había que atravesarlo como Alicia, sino que estaba a este lado del espejo, en nuestro cuerpo y en nuestra mente. Era la hora de aprovechar los frutos. Había que estar agradecidos a la Transición, pero el resto del camino había que hacerlo a pie, allá cada uno, libre e independiente.

Huíamos de aquel ambiente gris, demasiado cargado ya de cigarrillos Ducados y de traumas existenciales, cuando Radio Futura proclamó que estaban “Enamorados de la moda juvenil” o cuando Alaska y los Pegamoides deciden no aspirar a formar parte del Frente Sandinista sino a ser un “Bote de Colón”.

Loquillo escribió hace unos años un artículo en su columna de El Mundo, que tituló  ‘La última noche de verano de mi juventud’, y que lo resume todo. En el artículo describe la revelación que tuvo y que le hizo pasar de un estado colectivo a otro individual: Fue con su padre al cine Rex a ver American Graffiti y el impacto fue brutal:

 “(la película) Me dio las claves, ser joven podía ser la hostia (nada que ver con la Barcelona gris de barrio obrero y huelga diaria). No necesariamente uno tenía que dedicarse a cambiar el mundo, lo interesante era cambiar el tuyo...”

 En aquel uso de la libertad reconquistada, surgió una nueva generación literaria en Valencia a la que Fernando Garcín llamó Generación Espontánea.

 Evidentemente no era una generación política, no pretendía hacer protesta ni mucho menos lanzar arengas políticas.

En el año 2006 se editó bajo el título ‘Generación Espontánea. Generación literaria de los 80 en Valencia’, en la revista Teina; y la antología iba precedida de dos textos míos, en uno de los cuales me atreví a establecer las características de aquel movimiento:

“Entonces hablábamos de una realidad inmediata, aunque nuestra realidad fuera la nostalgia por el cine; hablábamos de unos senti­mientos directos, de todas las noches que no dormíamos; hablába­mos de nuestra ansiedad por ser felices; hablábamos mucho de una América que no alcanzábamos; utilizábamos un lenguaje cinema­tográfico, unas poses premeditadas ante las que el éxito o el fraca­so eran secundarios a lo que realmente importaba: vivir. Importaba sólo vivir.”

            ¿Y  por qué digo esto? Para centrar la importancia que tuvo Elche en aquella generación y también la importancia que aquella generación tuvo en Elche, prueba de ello es este mismo recital.

         Efectivamente, aquella generación literaria tuvo dos caras, una en Valencia y otra en Elche. Hubo un puente que conectó Elche con Valencia, pasando por encima de Alicante. La simbiosis de Valencia con Elche fue única y no se dio con otras ciudades de la Comunidad Valenciana.

         A mitad de los ochenta, Uberto Stabile edita la colección Malvarrosa y Fernando Garcín la colección Línea de sombra.

         En la colección Malvarrosa publican los ilicitanos Gerardo Irles, Juan Ángel Castaño, Julio Soler y yo mismo. En la colección Línea de sombra publica Juan Ángel Castaño y también yo.

Pero cuando Juan Ángel llega a Valencia y publica con Uberto, a su vez le toma la idea y comienza a editar en Elche la colección Tabarka y Frutos Secos.  Luego Juan Ángel y un grupo de amigos funda la asociación Frutos del Tiempo que siguen la labor editorial con Lunara para poesía y Frutos Secos para prosa.

En  la asociación Frutos del Tiempo está Carlos Cebrián, que actualmente gestiona los ciclos de ‘La dignidad de la palabra’ y también estaba Pedro Serrano, nuestro anfitrión de hoy, que gestiona estos recitales en  este Espacio hernandiano.

Sin embargo hubo una simbiosis y no solo  un aprendizaje, porque también aquella generación valenciana de los 80 publicó en Elche: Rafael Camarasa publicó en la colección Lunara y luego en Diarios de Helena; Fernando Garcín publicó tres libros en Diarios de Helena y Uberto Stabile dos en esa misma colección.

La colección Diarios de Helena, la edité yo en Elche entre 1995 y 2004; pero creo que, en cierta manera, Ediciones Contrabando puede coger el testigo y seguir impulsando esa simbiosis entre Elche y Valencia. Prueba de ello es que en Contrabando he publicado varios libros y también Pedro Serrano publicó, en la colección Marte de dicha editorial, su último libro de poesía, ‘La nada disponible’.

Dicho todo lo anterior, cabe hablar del libro de Paco Meneses: ‘Paisaje de troncos segados’.

A Paco lo conocí a finales de los ochenta, a través de Fernando Garcín. En París él había vivido en la calle Tolbiac, de hecho su blog se llama ‘Los amantes del puente de Tolbiac’. Claro,  una parte importante de mi libro ‘El otoño de Montmartre’ gira en torno a la calle Tolbiac, por tanto el flechazo poético fue instantáneo.

En 1993, Fernando Garcín puso fin a la colección de poesía ‘La línea de sombra’ con la publicación de la antología ‘Ni sombra de lo que fuimos’, que contaba con la presencia del propio F.F. Meneses, Uberto Stabile, Fernando Garcín, Rafa Camarasa y otros amigos, entre los cuales también había ilicitanos como Juan Ángel Castaño o yo mismo.

Es cierto que después Francisco Meneses fue dejando a un lado la literatura, siguió un largo silencio, y desde hace unos pocos años ha vuelto a publicar.

Publicar después de muchos años de silencio algunos lo verían sospechoso, porque consideran que un poeta que no se ejercita a diario pierde habilidad. Sin embargo, a veces ocurre lo contrario: escribir todos los días te obliga a no repetirte y, sobre todo, a variar los temas e ir improvisando. Efectivamente, ir improvisando cada día, a veces te aleja de lo esencial.

Un poeta, como es el caso de Meneses, que escribe tras muchos años de silencio es un poeta que tiene mucho que decir porque lo ha reflexionado y, sobre todo, es un poeta que no tiene miedo a repetirse y que por tanto puede hablar alto y claro.

‘Paisaje de troncos segados’, recoge el título del poema que le dedica a su padre y eso es significativo y simbólico, porque este libro trata sobre el paso del tiempo y sus cicatrices.

Me remito al contenido del libro y a la explicación que del mismo hará Francisco Meneses, pero no quiero dejar de destacar las frases de caldo estético y ochentero.


Podemos decir que es un libro de corte clásico, con metáforas, abstracciones y profundo calado existencial. Sin embargo, de vez en cuando resuenan versos coloristas y cinematográficos.

Hay dos posibilidades:

 -         Los consideramos versos fuera de lugar, una frivolidad o un aporte estético.


 -         Los consideramos un aporte existencial. Si los poemas tratan sobre el paso del tiempo, ved en cada verso colorista y cinematográfico la referencia a la juventud del autor. Él mismo incluye su juventud, lo que sentía y cómo lo sentía en los años 80, para contrastarlo con ese paso irrevocable del tiempo en fuga constante y muerte segura.

En los versos coloristas y cinematográficos que se le escapan a Meneses en este libro, está la referencia a toda una generación de poesía valenciana, la 'Generación Espontánea', de la que este libro viene a ser epílogo y balance.






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