PRESENTACIÓN DE 'PAISAJE DE TRONCOS SEGADOS' (2019) EN EL 'ESPACIO HERNANDIANO' DE ELCHE (NOVIEMBRE DE 2021)
Reproduzco el texto con el que mi amigo Jesús Zomeño presentó en Elche mi 'Paisaje...' (2019) en el 'Espacio hernandiano', dirigido en aquel momento por otro gran amigo y compañero, Pedro Serrano.
Me gustaría llamar la atención sobre la perspicacia y precisión con la que Zomeño disecciona determinadas características de mi poética; así como su interesante análisis sobre la relación entre un grupo de poetas de Elche y Valencia en los 80 y primeros 90 y las diversas colecciones de poesía publicadas en ambas ciudades.
F.F. Meneses es un poeta que no tiene miedo a repetirse
Jesús Zomeño
Elche, 13-11-2021
Presentación de ‘Paisaje de troncos segados en el ‘Espacio hernandiano’
En el prólogo del libro, Uberto Stabile describe una generación literaria que surge en Valencia a finales de los 70 pero que eclosiona ya en los 80.
“Nos conocimos a través de un amigo común, también poeta, Fernando Garcín, que formaba parte de la redacción de la revista Bananas y de la colección de poesía Cuadernos de Mar en Valencia, publicaciones que junto a Clara Beltrán y otros compañeros pusimos en pie durante 1979. Todos éramos jóvenes y todos queríamos cambiar o bajarnos del mundo, y hacerlo desde nuestras pequeñas plataformas literarias…”
La
clave de todo está en esa frase de Uberto: “queríamos cambiar o bajarnos del
mundo”; pero más bien, desistimos de seguir intentándolo y decidimos bajarnos del mundo.
Se
dice que la Transición dio paso a la Movida, pero más bien la Movida se rebeló contra la Transición:
-
Estábamos cansados estética y existencialmente del ambiente gris, de los
parches en las chaquetas de pana, de las gafas cuadradas y de los bigotes
grandes. Estábamos cansados de los actos asamblearios, del telediario, de ETA,
de los debates baldíos, del marxismo, de los partidos políticos y de las
manifestaciones.
-
De pronto, la juventud se pregunto qué era la libertad esa de la que tanto
hablaban los partidos, y nos dimos cuenta de que la Libertad no estaba al otro
lado del espejo, no había que atravesarlo como Alicia, sino que estaba a este
lado del espejo, en nuestro cuerpo y en nuestra mente. Era la hora de
aprovechar los frutos. Había que estar agradecidos a la Transición, pero el
resto del camino había que hacerlo a pie, allá cada uno, libre e independiente.
Huíamos
de aquel ambiente gris, demasiado cargado ya de cigarrillos Ducados y de
traumas existenciales, cuando Radio Futura proclamó que estaban “Enamorados
de la moda juvenil” o cuando Alaska y los Pegamoides deciden no
aspirar a formar parte del Frente Sandinista sino a ser un “Bote de
Colón”.
Loquillo
escribió hace unos años un artículo en su columna de El Mundo, que tituló ‘La última noche de verano de mi juventud’,
y que lo resume todo. En el artículo describe la revelación que tuvo y que le
hizo pasar de un estado colectivo a otro individual: Fue con su padre al cine Rex
a ver American Graffiti y el impacto fue brutal:
En el
año 2006 se editó bajo el título ‘Generación
Espontánea. Generación literaria de los 80 en Valencia’, en la revista Teina;
y la antología iba precedida de dos textos míos, en uno de los cuales me atreví
a establecer las características de aquel movimiento:
“Entonces hablábamos de una realidad inmediata, aunque nuestra realidad fuera la nostalgia por el cine; hablábamos de unos sentimientos directos, de todas las noches que no dormíamos; hablábamos de nuestra ansiedad por ser felices; hablábamos mucho de una América que no alcanzábamos; utilizábamos un lenguaje cinematográfico, unas poses premeditadas ante las que el éxito o el fracaso eran secundarios a lo que realmente importaba: vivir. Importaba sólo vivir.”
¿Y por qué digo esto? Para centrar la importancia que tuvo Elche en aquella generación y también la importancia que aquella generación tuvo en Elche, prueba de ello es este mismo recital.
Efectivamente, aquella generación
literaria tuvo dos caras, una en Valencia y otra en Elche. Hubo un puente que
conectó Elche con Valencia, pasando por encima de Alicante. La simbiosis de
Valencia con Elche fue única y no se dio con otras ciudades de la Comunidad
Valenciana.
A mitad de los ochenta, Uberto Stabile
edita la colección Malvarrosa y Fernando Garcín la colección Línea de
sombra.
En la colección Malvarrosa
publican los ilicitanos Gerardo Irles, Juan Ángel
Castaño, Julio Soler y yo mismo. En la colección Línea de sombra publica
Juan Ángel Castaño y también yo.
Pero
cuando Juan Ángel llega a Valencia y publica con Uberto, a su vez le toma la
idea y comienza a editar en Elche la colección Tabarka y Frutos Secos. Luego Juan Ángel y un grupo de amigos funda
la asociación Frutos del Tiempo que siguen la labor editorial con Lunara
para poesía y Frutos Secos para prosa.
En la asociación Frutos del Tiempo está
Carlos Cebrián, que actualmente gestiona los ciclos de ‘La dignidad de la
palabra’ y también estaba Pedro Serrano, nuestro anfitrión de hoy, que
gestiona estos recitales en este Espacio
hernandiano.
Sin
embargo hubo una simbiosis y no solo un
aprendizaje, porque también aquella generación valenciana de los 80 publicó en
Elche: Rafael Camarasa publicó en la colección Lunara y luego en Diarios
de Helena; Fernando Garcín publicó tres libros en Diarios de Helena
y Uberto Stabile dos en esa misma colección.
La
colección Diarios de Helena, la edité yo en Elche entre 1995 y 2004;
pero creo que, en cierta manera, Ediciones Contrabando puede coger el
testigo y seguir impulsando esa simbiosis entre Elche y Valencia. Prueba de
ello es que en Contrabando he publicado varios libros y también Pedro
Serrano publicó, en la colección Marte de dicha editorial, su último
libro de poesía, ‘La nada disponible’.
Dicho
todo lo anterior, cabe hablar del libro de Paco Meneses: ‘Paisaje de troncos
segados’.
En
1993, Fernando Garcín puso fin a la colección de poesía ‘La línea de sombra’
con la publicación de la antología ‘Ni sombra de lo que fuimos’, que contaba
con la presencia del propio F.F. Meneses, Uberto Stabile, Fernando Garcín, Rafa
Camarasa y otros amigos, entre los cuales también había ilicitanos como Juan Ángel
Castaño o yo mismo.
Es
cierto que después Francisco Meneses fue dejando a un lado la literatura,
siguió un largo silencio, y desde hace unos pocos años ha vuelto a publicar.
Publicar
después de muchos años de silencio algunos lo verían sospechoso, porque
consideran que un poeta que no se ejercita a diario pierde habilidad. Sin
embargo, a veces ocurre lo contrario: escribir todos los días te obliga a no
repetirte y, sobre todo, a variar los temas e ir improvisando. Efectivamente,
ir improvisando cada día, a veces te aleja de lo esencial.
Un
poeta, como es el caso de Meneses, que escribe tras muchos años de silencio es
un poeta que tiene mucho que decir porque lo ha reflexionado y, sobre todo, es un
poeta que no tiene miedo a repetirse y que por tanto puede hablar alto y claro.
‘Paisaje
de troncos segados’, recoge el título del
poema que le dedica a su padre y eso es significativo y simbólico, porque este
libro trata sobre el paso del tiempo y sus cicatrices.
Me
remito al contenido del libro y a la explicación que del mismo hará Francisco
Meneses, pero no quiero dejar de destacar las frases de caldo estético y
ochentero.
Hay
dos posibilidades:
-
Los consideramos versos fuera de lugar,
una frivolidad o un aporte estético.
En los versos
coloristas y cinematográficos que se le escapan a Meneses en este libro, está
la referencia a toda una generación de poesía valenciana, la 'Generación Espontánea',
de la que este libro viene a ser epílogo y balance.

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