Los Amantes del Puente de Tolbiac
domingo, 1 de marzo de 2026
lunes, 2 de febrero de 2026
JOSÉ LUIS FALCÓ IN MEMORIAM
Comenzó este año 2026 con una muy mala noticia: el fallecimiento de José Luis Falcó.
La prensa ha destacado su importancia como poeta y figura clave de la Valencia literaria de los 70 y 80.
Voro Contreras en el diario Levante nos recordaba que "con su muerte desaparece una de las voces más discretas pero más constantes de la poesía valenciana de la generación de los 70, así como un testigo privilegiado y protagonista activo de la intensa vida literaria que se desarrolló en los cafés del barrio del Carmen durante las décadas de los setenta y ochenta".
En memoria de José Luis Falcó, poeta
En la tarde solitaria recibo la visita de tu muerte.
Vino por los corredores. No era una figura humana
Con túnica negra y una guadaña.
Era una pobre bestezuela de ojos ciegos.
Me dijo que ya habías muerto
Que ahora en espíritu caminabas
Entre arbustos y profundidades.
No por esperada dejó de ser absurda.
Me quedé en el sofá tapado hasta la barbilla
Luego me asomé, vi que la bestezuela ya no estaba
Tal vez había vuelto al depósito del carbón.
Tan sólo era la mensajera de la oscuridad definitiva.
Me voy quedando dormido
Dentro de este pijama del ahogo
Floto entre imágenes
Vuelvo a un año lejano
La vida oliendo, inconfundible, a melocotón,
A piel nueva
A breve tormenta de verano.
Y parece que pierdo el hilo
Que dentro de mí oigo tu risa, noble,
En una hora trasnochada.
Recuerdo algunos poemas tuyos
Como se recuerda un decorado
Desde el alféizar de la ventana,
Como entrar en la hendidura de un algarrobo
En la humareda del corazón.
Ahora estás aquí sentado
En el sofá que extiende las vivencias compartidas
Vistes elegante tal un pianista de jazz
Delgado y misterioso como un samurái.
Poeta del desierto blanco
Y ahora ave. Sí, un cormorán,
Sobre las aguas de los arrozales.
Iré de nuevo a la ciudad
Que fue nuestra una vez.
Siento alegría al rozarte aquí en espíritu
Y te acompaño hasta la puerta.
Hasta el mismo resplandor.
José Luis,
eras un rey sonriente.
Wenceslao Ventura
(1 de febrero de 2026)
lunes, 19 de enero de 2026
PRESENTACIÓN DE 'PAISAJE DE TRONCOS SEGADOS' (2019) EN EL 'ESPACIO HERNANDIANO' DE ELCHE (NOVIEMBRE DE 2021)
Reproduzco el texto con el que mi amigo Jesús Zomeño presentó en Elche mi 'Paisaje...' (2019) en el 'Espacio hernandiano', dirigido en aquel momento por otro gran amigo y compañero, Pedro Serrano.
Me gustaría llamar la atención sobre la perspicacia y precisión con la que Zomeño disecciona determinadas características de mi poética; así como su interesante análisis sobre la relación entre un grupo de poetas de Elche y Valencia en los 80 y primeros 90 y las diversas colecciones de poesía publicadas en ambas ciudades.
F.F. Meneses es un poeta que no tiene miedo a repetirse
Jesús Zomeño
Elche, 13-11-2021
Presentación de ‘Paisaje de troncos segados en el ‘Espacio hernandiano’
En el prólogo del libro, Uberto Stabile describe una generación literaria que surge en Valencia a finales de los 70 pero que eclosiona ya en los 80.
“Nos conocimos a través de un amigo común, también poeta, Fernando Garcín, que formaba parte de la redacción de la revista Bananas y de la colección de poesía Cuadernos de Mar en Valencia, publicaciones que junto a Clara Beltrán y otros compañeros pusimos en pie durante 1979. Todos éramos jóvenes y todos queríamos cambiar o bajarnos del mundo, y hacerlo desde nuestras pequeñas plataformas literarias…”
La
clave de todo está en esa frase de Uberto: “queríamos cambiar o bajarnos del
mundo”; pero más bien, desistimos de seguir intentándolo y decidimos bajarnos del mundo.
Se
dice que la Transición dio paso a la Movida, pero más bien la Movida se rebeló contra la Transición:
-
Estábamos cansados estética y existencialmente del ambiente gris, de los
parches en las chaquetas de pana, de las gafas cuadradas y de los bigotes
grandes. Estábamos cansados de los actos asamblearios, del telediario, de ETA,
de los debates baldíos, del marxismo, de los partidos políticos y de las
manifestaciones.
-
De pronto, la juventud se pregunto qué era la libertad esa de la que tanto
hablaban los partidos, y nos dimos cuenta de que la Libertad no estaba al otro
lado del espejo, no había que atravesarlo como Alicia, sino que estaba a este
lado del espejo, en nuestro cuerpo y en nuestra mente. Era la hora de
aprovechar los frutos. Había que estar agradecidos a la Transición, pero el
resto del camino había que hacerlo a pie, allá cada uno, libre e independiente.
Huíamos
de aquel ambiente gris, demasiado cargado ya de cigarrillos Ducados y de
traumas existenciales, cuando Radio Futura proclamó que estaban “Enamorados
de la moda juvenil” o cuando Alaska y los Pegamoides deciden no
aspirar a formar parte del Frente Sandinista sino a ser un “Bote de
Colón”.
Loquillo
escribió hace unos años un artículo en su columna de El Mundo, que tituló ‘La última noche de verano de mi juventud’,
y que lo resume todo. En el artículo describe la revelación que tuvo y que le
hizo pasar de un estado colectivo a otro individual: Fue con su padre al cine Rex
a ver American Graffiti y el impacto fue brutal:
En el
año 2006 se editó bajo el título ‘Generación
Espontánea. Generación literaria de los 80 en Valencia’, en la revista Teina;
y la antología iba precedida de dos textos míos, en uno de los cuales me atreví
a establecer las características de aquel movimiento:
“Entonces hablábamos de una realidad inmediata, aunque nuestra realidad fuera la nostalgia por el cine; hablábamos de unos sentimientos directos, de todas las noches que no dormíamos; hablábamos de nuestra ansiedad por ser felices; hablábamos mucho de una América que no alcanzábamos; utilizábamos un lenguaje cinematográfico, unas poses premeditadas ante las que el éxito o el fracaso eran secundarios a lo que realmente importaba: vivir. Importaba sólo vivir.”
¿Y por qué digo esto? Para centrar la importancia que tuvo Elche en aquella generación y también la importancia que aquella generación tuvo en Elche, prueba de ello es este mismo recital.
Efectivamente, aquella generación
literaria tuvo dos caras, una en Valencia y otra en Elche. Hubo un puente que
conectó Elche con Valencia, pasando por encima de Alicante. La simbiosis de
Valencia con Elche fue única y no se dio con otras ciudades de la Comunidad
Valenciana.
A mitad de los ochenta, Uberto Stabile
edita la colección Malvarrosa y Fernando Garcín la colección Línea de
sombra.
En la colección Malvarrosa
publican los ilicitanos Gerardo Irles, Juan Ángel
Castaño, Julio Soler y yo mismo. En la colección Línea de sombra publica
Juan Ángel Castaño y también yo.
Pero
cuando Juan Ángel llega a Valencia y publica con Uberto, a su vez le toma la
idea y comienza a editar en Elche la colección Tabarka y Frutos Secos. Luego Juan Ángel y un grupo de amigos funda
la asociación Frutos del Tiempo que siguen la labor editorial con Lunara
para poesía y Frutos Secos para prosa.
En la asociación Frutos del Tiempo está
Carlos Cebrián, que actualmente gestiona los ciclos de ‘La dignidad de la
palabra’ y también estaba Pedro Serrano, nuestro anfitrión de hoy, que
gestiona estos recitales en este Espacio
hernandiano.
Sin
embargo hubo una simbiosis y no solo un
aprendizaje, porque también aquella generación valenciana de los 80 publicó en
Elche: Rafael Camarasa publicó en la colección Lunara y luego en Diarios
de Helena; Fernando Garcín publicó tres libros en Diarios de Helena
y Uberto Stabile dos en esa misma colección.
La
colección Diarios de Helena, la edité yo en Elche entre 1995 y 2004;
pero creo que, en cierta manera, Ediciones Contrabando puede coger el
testigo y seguir impulsando esa simbiosis entre Elche y Valencia. Prueba de
ello es que en Contrabando he publicado varios libros y también Pedro
Serrano publicó, en la colección Marte de dicha editorial, su último
libro de poesía, ‘La nada disponible’.
Dicho
todo lo anterior, cabe hablar del libro de Paco Meneses: ‘Paisaje de troncos
segados’.
En
1993, Fernando Garcín puso fin a la colección de poesía ‘La línea de sombra’
con la publicación de la antología ‘Ni sombra de lo que fuimos’, que contaba
con la presencia del propio F.F. Meneses, Uberto Stabile, Fernando Garcín, Rafa
Camarasa y otros amigos, entre los cuales también había ilicitanos como Juan Ángel
Castaño o yo mismo.
Es
cierto que después Francisco Meneses fue dejando a un lado la literatura,
siguió un largo silencio, y desde hace unos pocos años ha vuelto a publicar.
Publicar
después de muchos años de silencio algunos lo verían sospechoso, porque
consideran que un poeta que no se ejercita a diario pierde habilidad. Sin
embargo, a veces ocurre lo contrario: escribir todos los días te obliga a no
repetirte y, sobre todo, a variar los temas e ir improvisando. Efectivamente,
ir improvisando cada día, a veces te aleja de lo esencial.
Un
poeta, como es el caso de Meneses, que escribe tras muchos años de silencio es
un poeta que tiene mucho que decir porque lo ha reflexionado y, sobre todo, es un
poeta que no tiene miedo a repetirse y que por tanto puede hablar alto y claro.
‘Paisaje
de troncos segados’, recoge el título del
poema que le dedica a su padre y eso es significativo y simbólico, porque este
libro trata sobre el paso del tiempo y sus cicatrices.
Me
remito al contenido del libro y a la explicación que del mismo hará Francisco
Meneses, pero no quiero dejar de destacar las frases de caldo estético y
ochentero.
Hay
dos posibilidades:
-
Los consideramos versos fuera de lugar,
una frivolidad o un aporte estético.
En los versos
coloristas y cinematográficos que se le escapan a Meneses en este libro, está
la referencia a toda una generación de poesía valenciana, la 'Generación Espontánea',
de la que este libro viene a ser epílogo y balance.
jueves, 1 de enero de 2026
PRESENTACIÓN DE 'RESINA' DE WENCES VENTURA, EN LA LIBRERÍA 'EL IMPERIO'
El prólogo, de Ferrer Lerín, nos habla de un libro sólido, que bascula entre el campo y la urbe, mezcla explicada por el insigne prologuista por la condición trashumante del poeta: "Italia, París, Elca, aunque siempre tras ellos la esfinge de doble rostro, la amada inmóvil y la muerte suprema, mediterránea, servil, y necesaria".
domingo, 14 de diciembre de 2025
Y algunos meses después...
martes, 10 de noviembre de 2020
Un año ya de 'Paisaje de troncos segados'. (A modo, tal vez, de esbozo de una cierta poética)
Nadie nos advirtió de que este 2020 sería tan cruel. Acabamos el 2019 con la alegría de un sábado del leve otoño, el día nueve en particular. La alegría y la emoción de un numeroso grupo de gente amiga de muy diversos ámbitos que se reunió con Almudena Amador, Paco Benedito, Dominick Tsotras, Rafa Camarasa, Fernando Delgado, mi familia y yo mismo en la 'Llibreria Ramon Llull', en la calle Corona, en Valencia.
Presentábamos el número 10 de la Colección Marte de poesía, de Ediciones Contrabando.
'Paisaje de troncos segados', lleva por título. Me consta que ha gustado. Nos costó dar con él, a Paco Benedito (director de la colección) y a mí. Nos costó encontrar uno. Nos costó encontrarlo, pero en un determinado momento, como por decantación, se nos acabó imponiendo, como solo lo hacen las cosas necesarias. Un buen título es imprescindible para cualquier obra de arte, mucho más si se trata de un conjunto de poemas.
Mi buena y entrañable amiga, Clara Beltrán, presencia mágica desde mi primera juventud y mis primeros viajes a Valencia, antes de que yo siquiera soñara con vivir en esta hermosa ciudad, se pregunta y me pregunta por el sentido del título. Tal vez por su origen, su significado, su motivo, al menos implícitamente. Cito textualmente su reciente comentario en facebook: "Precioso, Paco. Precioso poemario y preciosa tarde aquella. Pendiente queda que me expliques, como jardinera que soy, eso de segar troncos..."
Aquí va la explicación, merecida y conveniente. 'Paisaje de troncos segados' es el título de uno de los poemas incluidos en el libro. Se trata de un poema reciente, de los últimos incorporados al conjunto. Ese conjunto, que en palabras de mi gran amigo Uberto Stabile, en el prólogo, "sin llegar a ser un libro de unidad, mantiene una constante dialéctica entre la identidad y el olvido".
Conjunto heterogéneo, producto del tiempo; y en el que se mezclan "largos y cortos poemas" como bien dice en la contraportada ese inabarcable renacentista que es Fernando Delgado, en el cual, siempre según él, "el poema breve y leve, sencillo, se muestra más reflexivo y hondo (...) [mientras que] el más extenso ofrece relato y meditación (...) [y en donde] el ritmo de la emoción brinda el misterio en la síntesis".
Este paisaje imaginario existe también en la realidad o, al menos hasta este pasado verano, existía. Son o eran, los restos, el paisaje después de la batalla, de lo que fue un florido vergel construido en el Valle del Alberche, muy cerca de la Sierra de Gredos, por el esfuerzo y la obstinación de nuestros padres.
Marce y Aure salieron en mitad de los años cincuenta del pasado siglo, según sus propias palabras, con una mano delante y otra detrás, tan solo revestidos con su insultante juventud de posguerra, de su humilde pueblo de la provincia de Ávila, Navalmoral de la Sierra.
A la vuelta de los años, construyeron una casa y un huerto y un jardín que miraban y siguen mirando a las montañas de día y de noche, y a las estrellas y constelaciones, en su pueblo y el mío, aunque a mí y a mi hermana Carmen nos nacieran en la gran ciudad más cercana.
De esa ciudad, Madrid, salí yo años más tarde y como el caminante de otro de los poemas del libro, me desvié durante un tiempo por algunos parajes de Europa, en la segunda mitad de los ochenta, hasta perderme y encontrarme en los ojos de mi mujer, Victoria.
En el huerto o jardín, enorme y alargado, convivieron las verduras y hortalizas con los árboles frutales, alguno de los cuales producía esos incomparables duraznos de secano.
Ese vergel empezó a decaer con la temprana muerte de la madre, en 2004. El progresivo alzhéimer del padre acabó definitivamente con él no mucho más tarde de 2010. Ocho años después, en 2018, con motivo del fallecimiento del abuelo largo tiempo perdido en su laberinto, descubrimos que en un momento indeterminado quien taló los árboles frutales había dejado dos cadáveres mutilados a modo de mudos testigos desolados de lo que aquel maravilloso terreno había sido en un tiempo.
Me costó al menos otro año poder escribir sobre aquello mientras nos enfrentábamos a las zarzas y al rastrojo que se habían apoderado del terreno. Como bien han dicho diversos autores, entre otros mi admirado Luis Rosales, se escribe con palabras, no con sentimientos. O dicho de otro modo, se describen con palabras los diversos estados de ánimo, sin que estos se impongan y conviertan lo escrito en algo antiliterario.
Quiero pensar que, por encima de escuelas, tendencias, cenáculos, camarillas, etc., la misión del poeta es extraer el máximo poder expresivo de las palabras y las asociaciones entre las mismas. Esto se ha conseguido, a lo largo de los siglos, de muy diversas maneras.
He comentado siempre que he tenido ocasión cómo el hernandiano '(...) se me ha muerto como del rayo, Ramón Sijé con quien tanto quería' potencia tanto la capacidad expresiva, con un simple cambio de preposición (¡tanto a cambio de tan poco!); o por qué el 'heme aquí ya profesor en un pueblo entre andaluz y manchego' machadiano es tanto más poético que su equivalente prosaico 'me han nombrado profesor en un pueblo fronterizo entre Andalucía y La Mancha'.
En mi caso particular, siento especial predilección por las imágenes más o menos irracionales, llamadlo surrealismo o como os plazca. A este respecto, tengo al gran Carlos Bousoño en un altar, gracias a sus obras de carácter crítico, 'El irracionalismo poético' (1977) y 'Superrealismo poético y simbolización' (1978), en las que explica maravillosamente algunas de estas cuestiones.
Obviamente, los árboles, sus troncos, se cortan, se talan. Parece lógico pensar que la iconografía asociada a la siega (la hoz, la guadaña...) potencia el dramatismo y la intensidad de la pérdida. La pérdida, en este caso, no solo de un paraíso natural sino, a la vez y como causa de aquella, la de las personas que lo habían hecho posible y lo sustentaban.
Los dos muñones, inermes en medio de una nada avarienta, han sido finalmente arrancados como si de una muela infectada se trataran. Habían cumplido su misión, recuerdo de la pérdida, de la desolación, y se habían convertido sin saberlo en el impulso, el motivo necesario para la creación poética. Han dejado el recuerdo y harto consuelo su memoria.
Reproduzco a continuación una versión revisada y ampliada de dicho poema, como expresión de aquello que se ha llamado, entre otras formas, la obra en marcha.
PAISAJE DE TRONCOS SEGADOS
Para
Aure, mi padre
Troncos segados
cadáveres de un huerto
que fue.
Las zarzas reclaman
sus dominios,
se apoderan de todos
los rincones.
Los troncos desgarrados
aseveran que el pasado
no volverá.
Las zarzas ocupan
los espacios,
extienden
sus zarpas trepadoras.
Los troncos desgarrados,
desnudos,
en medio de una nada
envuelta,
rodeada de cañas secas.
Una nada avarienta
sobre la que los caballos
mastican el rastrojo.
sábado, 18 de abril de 2020
ahora silenciosamente los árboles a los árboles
ahora
silenciosamente los
árboles a los árboles | su consumación
no
no es el pensamiento ni
la duda que adviene
qué entonces esta melancolía
este recodo | qué
extraña sangre
en la brecha soltándose de sí
abril/20












